Desde ayer estás teniendo pensamientos que no deberías. No sabes si será por la soledad. Llevas dos días tremendamente solo y eso consigue que eches más de menos a esa persona. Incluso has estado a punto de hacer una llamada que sabes que no debes hacer. No te explicas como has podido controlarte, ¿será que ya vas viendo lo que es realmente bueno para ambos?. No te paras a pensar mucho en eso, además, tú no eres nadie para adjudicar la felicidad a otra persona, y más sabiendo que sería feliz a tu lado, y no sin ti. Todo esto es muy complicado.
El tiempo pasa despacio, demasiado lento para tu gusto. Te pasas los días sin hacer nada, intentas estudiar pero no consigues ni leer un solo párrafo. Tienes el examen cerca, deberías dejar de lamentarte y tomar postura. Apúntate ese objetivo en tu libreta de notas mentales e intenta realizarlo.
Cuando has abierto el armario para elegir la ropa que te ibas a poner en el día, has visto esa camisa. Una camisa horrible, de muy mal gusto y además te queda un poco grande. Nunca te la has puesto, su color marrón y esas rayitas marfil no van con tu estilo, pero aún así la conservas. Has pensado en regalarla, en destruirla, pero algo te lo impide. Te la quedas mirando bastante tiempo, una lágrima escapa y recorre tu mejilla con rapidez. Maldita, ha salido sin avisar, no te la esperabas. Respiras con alivio, sólo ha sido una, la más intrépida.
Una vez en la ducha intentas dejar la mente en blanco y relajarte. Cierras los ojos y dejas que el agua tibia te abrace. Sientes miedo de pronto, un miedo visceral, desconocido. No sabes cómo explicarlo, ¿acaso son tus demonios que quieren hacerte daño?. No, no vas a permitir que también te ataquen en los momentos de tranquilidad, aumentas la potencia y la temperatura del agua. Ahógalos. Llegas a tu habitación y te vistes. Te miras en el espejo, deberías afeitarte y hacer algo con tus ojeras. Ya que por dentro estás hecho un desastre, intenta al menos que no se note tanto por fuera. Te preparas un café mientras te fumas el quinto cigarrillo de la mañana. No sabes bien por qué, pero el aroma a café recién hecho ejerce en ti una fuerza positiva. Te despeja la mente y te sientes con ánimos para estudiar. Corre, aprovecha ahora. Coges el café ardiendo, no te importa quemarte, te diriges hacia el escritorio y empiezas a estudiar. Ocupa tu mente, eso es.
